Qué es un nevero y cómo se forma
Durante el invierno las nevadas sucesivas cubren por completo el suelo de la alta montaña. Cuando llegan la primavera y el verano, la nieve se funde y deja al descubierto el terreno, de modo que las manchas blancas se van reduciendo hasta quedar confinadas a los rincones más favorables. Esos retazos que aún resisten son los neveros. Sobreviven gracias a una combinación de factores: orientación al norte, sombra prolongada, fondos de circo y depresiones donde el viento acumula nieve en exceso, y un espesor inicial suficiente para que el deshielo estival no llegue a consumirla por entero. Son masas estáticas, sin desplazamiento propio, lo que las diferencia de los glaciares. Su persistencia depende de cada año y de la altitud.
Nevero, helero, ventisquero y congesta
La terminología popular varía según la región y conviene precisarla. El nevero es la propia mancha de nieve que resiste el calor. El ventisquero es, para la RAE, la parte alta del monte más expuesta a las ventiscas y, por extensión, el sitio donde se conservan la nieve y el hielo, y la propia masa de nieve que allí se reúne. El helero designa en unos contextos un nevero muy persistente y en otros la placa de hielo que se forma cuando el agua de fusión vuelve a congelarse en las noches frías. En el Pirineo oriental se emplea congesta para la nieve endurecida que perdura. Todos comparten un rasgo: son estáticos. El glaciar, en cambio, fluye, erosiona y transporta materiales que sedimenta en morrenas.
Dónde encontrar neveros y hielo relicto en España
Manchas de nieve estival aparecen en numerosas cordilleras: Pirineos, Picos de Europa, Sierra Nevada, sistema Central o la Cordillera Cantábrica, especialmente en circos sombríos por encima de los 2.000 a 2.500 metros. Pero los únicos glaciares de la Península están en el Pirineo: en el conjunto de la cordillera, a ambos lados de la frontera, el inventario de Criosfera Pirineos contaba al cierre de 2024 catorce glaciares, los únicos con movimiento, y veintiséis heleros. Son los mayores del sur de Europa y han perdido el 94,5 % de su superficie helada desde mediados del siglo XIX. Fuera del Pirineo solo resisten restos: hielo enterrado bajo bloques en el Corral del Veleta, en Sierra Nevada, y en Picos de Europa el helero del Jou Negro, con hielo a la vista, además del hielo de algunas cuevas heladas. Son relictos de la Pequeña Edad de Hielo en degradación.
Importancia para el senderista
Para quien camina por la montaña, el nevero es a la vez recurso y trampa. En verano puede ser fuente de agua de fusión y referencia para localizar collados o vías de ascenso. Sin embargo, atravesar un nevero entraña riesgos reales: la nieve vieja se endurece como hielo y un resbalón en una pendiente puede acabar en una caída descontrolada de varios cientos de metros. Bajo el nevero pueden esconderse cavidades, cursos de agua o puentes de nieve que se hunden bajo el peso del caminante, sobre todo a media tarde, cuando la nieve está más blanda. La prudencia aconseja rodearlos si hay alternativa, llevar bastones o piolet y crampones en travesías exigentes, y desconfiar de los bordes y los rotos.
Qué llevar para cruzarlos
Un nevero de primavera se cruza con material, no con confianza. Para pendientes tendidas basta con calzado rígido y polainas, que impiden que la nieve entre por la caña de la bota y empape el pie durante horas. Si la nieve está blanda y se hunde el pie hasta la rodilla —lo habitual a media mañana en mayo y junio—, las raquetas de nieve ahorran un esfuerzo enorme. Cuando el nevero está duro y la pendiente aprieta, ya no es cuestión de comodidad: ahí hacen falta crampones y piolet. La comparativa de crampones y microcrampones para senderismo invernal ayuda a distinguir el modelo ligero que basta para un nevero de paso del que hace falta en una travesía con hielo duro sostenido. Ese mismo ciclo de rehielo nocturno y reblandecimiento por la tarde, que decide si hacen falta crampones o raquetas, es justo lo que explica la guía sobre cómo saber si hay nieve en la ruta antes de salir.