Origen del término
La palabra morrena entra al castellano desde el francés moraine, que a su vez procede del dialecto saboyano morena (suelo pedregoso), término que los pastores alpinos usaban para describir los cordones de cantos abandonados por los glaciares al retirarse. La geología moderna formaliza el término a partir de los trabajos de Louis Agassiz (1840), que demostró el origen glaciar de los grandes depósitos pedregosos europeos cuaternarios.
Tipos de morrena según posición
La clasificación canónica de morrenas, recogida por el IGME en sus mapas geomorfológicos, distingue cinco tipos según su posición respecto al glaciar que las generó:
- Morrenas laterales — Cordones longitudinales de cantos depositados a ambos lados del glaciar, donde la lengua de hielo entra en contacto con las paredes del valle. Son las más fáciles de identificar a posteriori: al retirarse el glaciar, quedan dos crestas paralelas de cantos a lo largo del valle. Ejemplos visibles en el valle de Pineta (Pirineo aragonés) o en el valle del Lago de Sanabria.
- Morrenas frontales o terminales — Arcos o cordones transversales depositados en el frente del glaciar, marcando su extensión máxima histórica. Cuando el glaciar avanza, empuja material acumulado; cuando retrocede en pulsos, deja varios arcos sucesivos llamados morrenas de retroceso o retreat moraines. La gran morrena frontal del valle de Tena (Sallent de Gállego) marca el límite del glaciar pleistoceno.
- Morrenas centrales o medianas — Cordones longitudinales en el centro del glaciar, formados por la unión de las morrenas laterales de dos glaciares confluentes. Cuando varios afluentes se unen, los glaciares mayores muestran varias morrenas centrales paralelas (visibles en glaciares actuales como el Aletsch alpino).
- Morrenas de fondo — Capa irregular de cantos y arenas depositada bajo el glaciar, mezcla heterogénea (till) con cantos angulosos y matriz fina. Cubre extensas áreas del fondo de valles glaciares y constituye el sustrato típico de praderas alpinas y pastos de altitud.
- Morrenas supraglaciares — Material depositado sobre la superficie del hielo, procedente del desprendimiento de las paredes superiores del valle. Cuando el glaciar se retira, queda como manto de cantos sobre el fondo, sin organización estructural clara.
Reconocimiento en campo
Identificar morrenas durante una excursión exige observar tres rasgos:
- Forma del depósito: cordón longitudinal, arco transversal o manto irregular según el tipo.
- Composición heterogénea: las morrenas mezclan cantos de tamaños muy variables (desde arenas a bloques de varios metros) sin clasificación granulométrica. Un río habría seleccionado los cantos por tamaño; un glaciar no.
- Presencia de cantos estriados: bloques con surcos paralelos pulidos por la fricción contra otros cantos arrastrados por el hielo. Es la firma diagnóstica de origen glaciar.
Las morrenas frontales suelen cerrar valles formando umbrales: el agua acumulada por detrás puede generar lagos morrénicos como el Lago de Sanabria en Zamora (el mayor lago glaciar de la Península Ibérica) o las lagunas glaciares del Sistema Central.
Morrenas relevantes en España
La actividad glaciar en la Península Ibérica fue significativa durante el Pleistoceno y dejó morrenas reconocibles en cuatro sistemas montañosos:
- Pirineos — los valles del Aragón, Tena, Gállego, Cinca y Noguera Pallaresa muestran morrenas frontales que llegaron a cotas de 600-900 m.
- Cordillera Cantábrica — morrenas laterales y frontales en los valles de la vertiente norte de Picos de Europa (Bulnes, Cangas de Onís).
- Sierra Nevada — morrenas frontales que descendieron hasta unos 2.050 m en el sistema del Veleta y por debajo de los 1.900 m en el valle del Guarnón. Aún se conservan relictos de hielo permanente en el Corral del Veleta.
- Sistema Central — morrenas terminales del Circo de Peñalara y del Circo de Gredos al pie del Almanzor, hoy ocupadas por las grandes lagunas glaciares.