La Senda del Oso es la ruta más distinta de cuantas recorre Asturias en estas páginas: no sube a ninguna cumbre, no cruza ninguna cresta. Es una vía verde llana y asfaltada que aprovecha el trazado de un antiguo ferrocarril minero —el que unía Trubia con Santa Marina y dejó de rodar en 1963— para remontar el valle del río Trubia entre cantiles calizos, túneles iluminados y puentes. El tramo más transitado y representativo, el tronco de la «Y», va del Área Recreativa de Tuñón a Caranga Baxu: son 11,5 kilómetros casi sin desnivel (de 148 a 284 metros en todo el recorrido), aptos en buena parte con carrito de bebé o silla de ruedas, y por eso una de las pocas rutas verdaderamente familiares del norte. A mitad de camino, junto al área recreativa de Buyera, está el reclamo que dio nombre a la senda: el cercado osero, donde hoy vive la osa Molina. Eso sí, conviene saber dos cosas antes de calzarse: la ruta es lineal —hay que prever cómo volver— y ver a la osa no está garantizado.
La historia de la senda empieza bajo tierra. Durante casi un siglo, un ferrocarril minero bajó el carbón de los pozos de Teverga y Quirós hasta las fábricas de Trubia, excavando túneles en la roca y tendiendo puentes sobre el río. Cuando la vía se cerró en 1963, el trazado quedó en silencio hasta que se rehabilitó como Camino Natural de la red estatal y Vía Verde. Hoy, por donde durante décadas circuló el tren rueda gente en bicicleta de alquiler y caminan familias enteras: los túneles, ahora iluminados, son los mismos que perforaron los ingenieros del ferrocarril, y atravesarlos —de la luz del valle a la penumbra fresca y de vuelta— es uno de los momentos más recordados del recorrido.
El gran símbolo de la senda son los osos, pero la historia hay que contarla bien y en su tiempo. Paca y Tola fueron rescatadas en 1989 siendo crías de cinco meses, después de que un furtivo matara a su madre, y vivieron en semilibertad en el cercado de Buyera desde mediados de los años noventa, convertidas en el emblema de la recuperación del oso pardo cantábrico. Pero ya no están: Tola murió el 18 de enero de 2018 y Paca el 10 de abril de 2025, sacrificada por una artrosis avanzada. La osa que vive hoy en el cercado es Molina, rescatada herida en 2013 tras una reintroducción fallida. Es un detalle importante porque muchas guías antiguas siguen anunciando «el cerco de Paca y Molina» como reclamo presente, y ya no es cierto. El cercado lo gestiona la Fundación Oso de Asturias, con sede en la Casa del Oso de Proaza; conviene recordar que se trata de un animal en semilibertad y que el avistamiento depende de la suerte.
El terreno es un libro de geología y de patrimonio abierto. Entre Proaza y Caranga, la senda se adentra en el desfiladero de Peñas Juntas, donde el Trubia se encajona entre cortados calizos territorio de buitre leonado, y atraviesa por los túneles del antiguo tren. Por el llano, salpicando el recorrido, asoma la historia: el puente medieval de Villanueva sobre el río, nada más salir de Tuñón, y la torre defensiva de Proaza recortada sobre el pueblo. La forma de «Y» de la senda completa —el tronco Tuñón–Caranga y dos brazos hacia Entrago, en Teverga, y hacia Santa Marina, en Quirós— suma más de treinta kilómetros, lo que permite elegir la distancia a la carta según se vaya con niños, en bici o con ganas de jornada larga.