Los Lagos de Covadonga —el Lago Enol y el Lago de la Ercina— son el paisaje más reconocible de los Picos de Europa y el escenario del primer Parque Nacional de España, declarado «Montaña de Covadonga» en 1918. Esta ruta circular de unos 5,92 kilómetros —la ficha oficial del Parque describe un recorrido largo de 5 km y una variante corta de 3 km—, el sendero PR-PNPE 2, enlaza los dos lagos glaciares con las antiguas minas de Buferrera y la pradera de la Vega el Bricial, en un recorrido cómodo y bien balizado que arranca en el aparcamiento de Buferrera, junto al Centro de Visitantes Pedro Pidal. Es una de las grandes excursiones familiares del norte de España: poco desnivel, hitos naturales y mineros a cada paso, y ganado pastando en libertad sobre las majadas de altura donde se elabora el queso Gamonéu.
El conjunto tiene un peso simbólico enorme. Aquí, en la Montaña de Covadonga, nació en 1918 la red de parques nacionales española, impulsada por Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, cuya figura recuerda el centro de visitantes a la entrada de la ruta. Aquel primer parque, ampliado en 1995 hasta abarcar los tres macizos de los Picos de Europa, es hoy Reserva de la Biosfera y uno de los espacios protegidos más visitados del país. A pocos kilómetros, ladera abajo, el Santuario de Covadonga —la Santa Cueva y la basílica— evoca el origen legendario de la Reconquista, de modo que la subida a los lagos encadena montaña, historia y peregrinación.
La ruta es también una lección de paisaje. Los dos lagos son de origen glaciar, embalsados en cubetas excavadas por el hielo cuaternario sobre la roca caliza del macizo; el de la Ercina es somero y se rodea de turberas, y el Enol, más profundo, refleja las cumbres cuando el cielo lo permite. Por encima asoman las antiguas minas de Buferrera, donde se extrajeron hierro, manganeso y mercurio hasta finales de los años setenta: hoy un recorrido interpretativo entre bocaminas, el lavadero y las lagunas mineras (los Jous). El alto de los Lagos es, además, un final de etapa mítico de la Vuelta a España desde 1983, uno de los puertos más duros del ciclismo nacional.
Conviene tener presente que los lagos están casi siempre entre nubes: la niebla atlántica los cubre con frecuencia y la lluvia es probable en cualquier mes. No es un terreno peligroso —el sendero es ancho y balizado—, pero con visibilidad reducida hay que no salirse del camino y extremar la atención cerca de las orillas y de las bocaminas. El gran condicionante no es físico sino logístico: en temporada alta el acceso en coche está prohibido y es obligatorio el autobús lanzadera. Planificar el transporte con antelación es lo que marca la diferencia entre una jornada redonda y un viaje frustrado al pie de la carretera cerrada.
Es la ruta más fácil del parque y la que más visitantes recibe sin preparación: la niebla cierra los lagos con una rapidez que desconcierta. Los avisos del macizo y los teléfonos de rescate están en la guía de seguridad de Picos de Europa.