La fisiología del aire enrarecido
La composición del aire —aproximadamente 21 % de oxígeno— no cambia con la altitud. Lo que cambia es la presión atmosférica total, que desciende progresivamente conforme ascendemos. A menor presión total, la presión parcial del oxígeno —que es la que determina cuánto oxígeno entra efectivamente en los alvéolos pulmonares— también disminuye. En Madrid (650 metros), la presión parcial de oxígeno del aire ronda los 196 hPa. En la cima del Mulhacén (3.479 metros) es de unos 138 hPa, alrededor de un 30 % menos. En el Teide (3.715 metros) está en torno a 134 hPa.
El organismo responde a esa reducción de oxígeno disponible con una serie de mecanismos de compensación: acelera la frecuencia respiratoria, aumenta la frecuencia cardiaca y, con el tiempo, produce más glóbulos rojos. Pero estos mecanismos tardan días o semanas en optimizarse. Cuando el ascenso es demasiado rápido, el cuerpo no tiene tiempo de adaptarse y aparece el mal agudo de montaña.
Síntomas: de leve a grave
La Wilderness Medical Society distingue el mal agudo de montaña leve, el moderado o grave y el edema cerebral; aparte está el edema pulmonar:
- MAM leve: dolor de cabeza acompañado de uno o más de estos síntomas, todos de intensidad leve: náuseas o vómitos, cansancio desproporcionado al esfuerzo, mareo o sensación de inestabilidad. Aparece entre unas horas y tres días después de llegar a la altitud. Que el dolor de cabeza mejore con ibuprofeno o paracetamol no descarta el mal de altura: esos fármacos alivian la cabeza, no el resto del cuadro.
- MAM moderado o grave: los mismos síntomas, pero intensos. No hay que subir a dormir más alto, y con síntomas intensos la indicación es descender. Si aparece pérdida de coordinación al caminar (ataxia), ya no se trata de un mal de altura moderado: suele ser la primera señal del edema cerebral y obliga a bajar de inmediato.
- Edema pulmonar de altura (EPA o EAP; HAPE en inglés): acumulación de líquido en los pulmones. La primera señal suele ser una falta de aire al caminar desproporcionada para el esfuerzo, mayor que la de otros días o la de los compañeros, con cansancio y tos seca. Si avanza, el ahogo aparece con un esfuerzo mínimo o en reposo, los labios o las uñas se amoratan y la tos arranca un esputo rosado y espumoso. Es una emergencia médica: hay que bajar de inmediato, con el menor esfuerzo posible.
- Edema cerebral de altura (ECA; HACE en inglés): acumulación de líquido en el cerebro. Síntomas: confusión mental, cambios de personalidad, somnolencia intensa, ataxia severa (incapaz de caminar en línea recta). Emergencia médica con riesgo vital. Descenso inmediato aunque sea de noche.
Cómo se mide: la escala de Lake Louise
La escala de Lake Louise es el patrón internacional para valorar el mal agudo de montaña. Puntúa de 0 a 3 cuatro síntomas —cefalea, molestias digestivas, fatiga y mareo— y exige que la cefalea esté presente. Una suma de 3 puntos o más, con dolor de cabeza incluido, confirma el cuadro en un contexto de ascenso reciente a gran altitud. Es una herramienta pensada sobre todo para la investigación y el cribado, no para sustituir el criterio médico, pero resulta útil al senderista para ordenar lo que siente y decidir si conviene detenerse o descender. Recordar el umbral evita minimizar una cefalea de aviso.
Edema pulmonar y cerebral: cuándo dejar de subir y bajar ya
Las dos formas graves son emergencias con riesgo vital. El edema pulmonar de altura cursa con ahogo creciente, incluso en reposo, tos que se vuelve húmeda y espumosa y, a veces, esputo rosado; sin tratamiento su mortalidad es muy elevada. El edema cerebral de altura se manifiesta con confusión, cambios de conducta y pérdida marcada de coordinación al caminar. Ante cualquiera de estos signos la única respuesta correcta es descender de inmediato, aunque sea de noche, y activar el rescate. En el edema pulmonar, la Wilderness Medical Society recomienda bajar al menos 1.000 metros o hasta que los síntomas remitan, con el menor esfuerzo posible; en el edema cerebral, hay que descender hasta que los síntomas desaparezcan, lo que suele exigir entre 300 y 1.000 metros, y nunca en solitario.
El Teide: subir en ocho minutos a 3.555 metros
El Teide (3.715 metros) es un caso especial por varias razones que lo hacen especialmente traicionero. El teleférico sube a 3.555 metros (estación de La Rambleta) en unos 8-10 minutos: ese ritmo de ascenso es físicamente imposible de gestionar para el organismo, que no ha tenido tiempo de aclimatarse desde el nivel del mar. Además, el perfil sociológico del visitante es diferente al del montañero alpino: muchos turistas llegan al Teide sin experiencia en altitud y sin conocer los síntomas del MAM.
Por eso conviene no subir a la cumbre si ya hay dolor de cabeza o náuseas en la estación de La Rambleta, y bajar en el teleférico en cuanto aparezcan: en la gran mayoría de los casos, el descenso basta para que los síntomas cedan.
Cuándo y dónde afecta en España
Fuera del Teide, estas son las zonas españolas donde el MAM puede aparecer en personas no aclimatadas son:
- Sierra Nevada (Granada) — Mulhacén (3.479 m) y Veleta (3.394 m). Quien sube desde la Hoya de la Mora (2.475 m), donde una barrera corta la antigua carretera del Veleta, o toma en verano el microbús del parque hasta Posiciones del Veleta (3.100 m), parte ya de una altitud suficiente para desarrollar MAM.
- Pirineo (Aragón y Cataluña) — el Aneto (3.404 m) y otras cimas pirenaicas. En rutas de un día desde el fondo de valle, el ascenso de 1.500-2.000 metros puede ser demasiado rápido para personas no entrenadas en altitud.
- Picos de Europa (Asturias, Cantabria, León) — las cimas no superan los 2.650 metros, por lo que el MAM es infrecuente pero no imposible en personas muy susceptibles.
Reglas de aclimatación y prevención
La Comisión Médica de la UIAA establece las siguientes directrices para reducir el riesgo de MAM en travesías de alta montaña:
- Ascenso gradual: por encima de 3.000 metros, no ganar más de 300-500 metros de altitud de pernocta por día. La fórmula que los guías alpinos repiten es «sube alto, duerme bajo»: se puede pasar el día en cota alta siempre que se duerma a menor altitud para aclimatarse progresivamente.
- Dos noches seguidas a la misma altitud cada dos a cuatro días de ascenso en rutas de varios días por encima de 2.500-3.000 metros; ese día se puede subir más alto, pero se vuelve a dormir abajo.
- Hidratación suficiente, sin forzarla: beber lo necesario importa porque la deshidratación produce síntomas parecidos a los del mal de altura, pero beber de más no lo previene y puede bajar el sodio en sangre.
- Evitar el alcohol y los sedantes en los primeros días de aclimatación: deprimen el impulso respiratorio y agravan la hipoxia nocturna.
- Reconocer los síntomas propios: un dolor de cabeza que aparece tras subir por encima de 2.500 metros, sobre todo si llega con náuseas, cansancio o mareo, es la señal más común de mal de altura incipiente, aunque ceda con un analgésico. Ignorarla es el error más común.