El Sendero Dunar es el itinerario PR-PND7 del Parque Nacional de Doñana, una pasarela de madera totalmente entablada que el KML oficial del CNIG cifra en 1,9 kilómetros, con dificultad Media y una hora de recorrido en ida y vuelta. Arranca en el control de acceso al parque, situado en la línea de costa junto a la urbanización de Matalascañas, en el municipio onubense de Almonte. El primer tramo discurre paralelo a la costa, con varios ramales que bajan hasta la orilla del mar; después la pasarela se adentra en las primeras formaciones dunares y culmina en un mirador desde el que se contempla un contraste que resume el litoral de Doñana: por un lado, corrales, dunas y playa; por otro, la propia urbanización. El GPX oficial del IGN, medido punto a punto, da 1,368 kilómetros y no cierra sobre sí mismo —quedan 302,7 metros entre el primer y el último punto—, mientras que el texto descriptivo del propio CNIG habla de «una longitud aproximada de un kilómetro» y de «un circuito más o menos completo». Las tres cifras conviven en esta ficha porque proceden de la misma fuente oficial. Las cotas del recorrido van de 4 a 19 metros: no hay gran desnivel que salvar, solo un paseo entablado y corto, pensado para leer con calma un sistema dunar que no deja de moverse.
El primer tramo del sendero, el que va paralelo a la costa, es en realidad una lección de geomorfología que ocurre en tiempo real. Según la descripción oficial del itinerario publicada por el Centro de Descargas del CNIG, las arenas que empuja el viento encuentran un obstáculo que las detiene, y ahí se forman pequeños montículos, las llamadas dunas embrionarias. Esos montículos crecen y se unen a otros hasta formar los trenes dunares, que siguen avanzando camino costa adentro empujados por el mismo viento que los originó. Entre esas sucesivas líneas de avance quedan depresiones que en la zona se conocen como «corrales»: «las depresiones situadas entre las distintas líneas de avance se denominan localmente "corrales"», según la misma fuente oficial. Lo particular de este sistema es que nunca deja de moverse. La movilidad de las dunas hace que la vegetación asentada en los corrales acabe enterrada bajo la arena que avanza y termine muriendo en su interior; cuando la duna sigue su curso y libera de nuevo esa franja, nuevas semillas germinan y se forma un nuevo corral, en un ciclo que se repite sin fin a lo largo de toda la franja litoral. Caminar los primeros metros de la pasarela es, literalmente, cruzar ese proceso mientras sucede: no hace falta imaginar cómo se forma una duna, basta con mirar a los lados y distinguir el montículo recién nacido del corral que todavía guarda la vegetación que la arena aún no ha alcanzado.
La vegetación que crece a los dos lados de la pasarela responde a una lógica sencilla: quién aguanta que el suelo se mueva y quién necesita tener el agua cerca. En las dunas, donde la arena avanza y apenas retiene humedad, solo prospera vegetación pionera de bajo porte, capaz de vivir sobre un sustrato inestable. El barrón es la especie que mejor representa esa estrategia: su sistema de raíces le permite penetrar en profundidad hasta encontrar el agua que necesita para sobrevivir, ancladas bajo capas de arena que no dejan de desplazarse. Junto a él aparece la clavellina, otra planta capaz de instalarse en ese mismo terreno móvil. La situación cambia por completo en los corrales, esas depresiones entre trenes dunares donde la capa freática queda mucho más cerca de la superficie. Ahí el suelo es más estable y hay agua accesible, así que se instalan especies de mayor porte: pinos piñoneros, enebros y sabinas, junto con un matorral adaptado a esa dinámica de enterramiento y resurgimiento que vive el sistema dunar. Su especie representativa es la camarina, a la que se suman el espino negro, el torvisco y el jaguarzo morisco. En pocos metros de pasarela se pasa así de una vegetación que resiste el movimiento a otra que aprovecha la relativa quietud del corral, y esa alternancia es, junto con las propias dunas, el otro relato botánico del sendero.
En las arenas del sendero quedan marcadas numerosas huellas que delatan la fauna que vive en la zona, aunque los animales rara vez se dejan ver a plena luz. Entre los reptiles destaca la víbora hocicuda, venenosa, y el propio itinerario oficial es explícito al respecto: en su apartado de recomendaciones señala que, ante un encuentro con ella, «se deben mantener las debidas precauciones». En la práctica eso significa no salirse de la pasarela, mirar dónde se pisa en los pocos tramos de arena que hay que cruzar y no intentar manipular ni molestar al animal si aparece: la víbora hocicuda no busca el enfrentamiento y basta con dejarle espacio para que se retire por su cuenta. Si a pesar de todo se produjera una mordedura, la actuación sensata es no hacer torniquete, no succionar el veneno e inmovilizar la zona afectada mientras se pide ayuda llamando al 112, dejando que sean los servicios de emergencia quienes decidan los siguientes pasos. El texto oficial también recoge encuentros más amables: en ocasiones ciervos y jabalíes se acercan a las dunas, y no es difícil observar al halcón peregrino sobrevolando estos parajes, junto con otras rapaces que acuden a la zona en busca de alimento. Quedarse siempre sobre la pasarela, además de una cuestión de prudencia ante la fauna, es también la forma más directa de no dañar un sistema dunar que se sostiene, precisamente, gracias a que nadie lo pisa fuera de ese trazado de madera.
El trazado de esta ficha procede del GPX oficial del IGN, publicado en el Centro de Descargas del CNIG dentro de la serie de Rutas de Parques Nacionales de Doñana. El archivo tiene 110 puntos con cota y mide 1,368 kilómetros, sin cerrar sobre sí mismo: quedan 302,7 metros entre el primer punto y el último. El KML oficial hermano de ese mismo itinerario publica una cifra distinta, 1,9 kilómetros, con dificultad Media, una hora de duración y la etiqueta «ida y vuelta»; y el propio texto descriptivo del CNIG añade una tercera referencia, «una longitud aproximada de un kilómetro», al hablar de «un circuito más o menos completo». La lectura más razonable de estas tres cifras, que es nuestra y no un dato oficial cerrado, es que el sendero entablado en sí ronda el kilómetro que describe el texto, y que el 1,9 del atributo oficial corresponde a recorrerlo de ida y vuelta. Publicamos las tres para que cada visitante pueda juzgar por sí mismo. Las cotas del track, entre 4,5 y 18,9 metros, quedan confirmadas por el modelo digital del terreno MDT05 del IGN muestreado sobre la traza, que arroja un rango casi idéntico, de 4 a 19 metros. El desnivel que publicamos, +10/-10 metros, es una medición propia suavizada sobre el GPX oficial, porque el KML no incluye esa cifra.