Qué es y por qué no es una cabra
El muflón (Ovis orientalis musimon) es la oveja salvaje más pequeña del mundo y, genéticamente, uno de los antepasados de la oveja doméstica. Pertenece a la familia de los bóvidos, igual que la cabra montés o el rebeco, pero conviene no confundirlo con ninguno de ellos: el muflón es un ovino, no un caprino. Quien lo cruza por primera vez en un sendero suele tomarlo por una cabra robusta de color castaño, y ahí empieza el equívoco.
La diferencia clave está en los cuernos y en la silueta. El muflón tiene un cuerpo compacto, patas relativamente cortas y un pelaje liso y corto, sin la barba ni el aspecto «de roca» de la cabra montés. Donde la cabra montés está perfectamente adaptada a los cantiles verticales, el muflón se mueve mejor en laderas de matorral y monte bajo. Y, sobre todo, hay una diferencia que no se ve a simple vista: la cabra montés y el rebeco son fauna ibérica de pleno derecho, mientras que el muflón es una especie introducida por el ser humano hace apenas setenta años.
Cómo identificarlo en el campo
El rasgo inconfundible del macho adulto son los cuernos en espiral hacia delante, que dibujan casi una vuelta completa y alcanzan los 80-90 cm de longitud. Son la pieza más codiciada como trofeo cinegético y crecen durante toda la vida del animal. Las hembras, en cambio, suelen carecer de cuernos o lucirlos muy reducidos, de entre 3 y 18 cm y ligeramente curvados hacia atrás.
El otro distintivo del macho es la «silla de montar»: una mancha clara, blanquecina, en el costado, que destaca sobre un pelaje pardo rojizo que se oscurece en invierno. A esto se suman tonos blancos en el hocico, el vientre y la parte baja de las patas, una cola negra y corta, y en los machos adultos una melena oscura en el cuello y el pecho. Las cifras de tamaño son modestas para un animal de caza mayor:
- Machos: 35-55 kg de peso y unos 70-80 cm de alzada a la cruz.
- Hembras: notablemente más pequeñas, entre 25 y 40 kg, con coloración más pálida y sin silla ni melena.
De Córcega a Cazorla: una historia reciente
El muflón europeo propiamente dicho —la subespecie Ovis orientalis musimon— sobrevive hoy en las islas de Córcega y Cerdeña; conviene no confundirlo con el muflón de Chipre (Ovis orientalis ophion) ni con las poblaciones de Turquía, Irán y el Cáucaso, que son subespecies distintas de Ovis orientalis. Según la interpretación tradicional, su antepasado estuvo presente en el continente europeo y se extinguió allí hace milenios por la caza y los cambios climáticos; los estudios genéticos más recientes, sin embargo, apuntan a que las poblaciones de Córcega y Cerdeña descienden de ovejas domésticas asilvestradas en el Neolítico, más que de un relicto verdaderamente silvestre. Desde el siglo XIX se reintrodujo en numerosos países europeos —y más allá, hasta Estados Unidos, Argentina o las islas Kerguelen— prácticamente siempre por el mismo motivo: dotar a los cotos de una nueva pieza de caza.
En España la fecha está bien documentada. La introducción tuvo lugar en 1953, con la suelta en la Sierra de Cazorla de dos machos y tres hembras de origen corso procedentes de Chambord (Francia) y una pareja llegada de Luxemburgo, reforzada en 1956 con dos parejas traídas de Alemania. Desde ahí la especie proliferó con notable rapidez, ayudada por la labor del Parque Cinegético Experimental de El Hosquillo, en la Serranía de Cuenca. Entre 1970 y 1975 se multiplicaron las repoblaciones con ejemplares alemanes y austríacos. Hoy su área peninsular abarca principalmente Extremadura, Toledo, Ciudad Real y Córdoba, además de la Serranía de Cuenca, Cazorla y núcleos aislados en Valencia, Madrid, Castilla y León, Aragón y Cataluña; también está presente en Tenerife.
Hábitat, dieta y costumbres
La gran baza del muflón es su rusticidad: se adapta con facilidad a medios muy distintos, aunque prefiere el matorral y los roquedos de montaña media y baja, por lo general entre los 1.000 y 1.500 metros de altitud, en el ecotono donde el pasto se mezcla con el bosque abierto. Como muchas ovejas salvajes realiza pequeños movimientos estacionales: en verano sube a cotas altas y ocupa grandes extensiones, en otoño desciende a media montaña y en invierno se concentra en los valles más resguardados.
Es un herbívoro generalista. Selecciona plantas herbáceas y gramíneas cuando abundan, pero su dieta incluye también yemas, bellotas, hayucos, castañas, corteza, hojas verdes, hongos y líquenes. Vive en grupos gregarios que varían con la estación; el celo es en otoño y es entonces cuando los machos protagonizan los espectaculares choques de cuernos para establecer la jerarquía. Su carácter diurno y su gusto por los espacios abiertos lo hacen, en teoría, más fácil de observar que a otros ungulados de monte.
Especie introducida: el debate de gestión
Aquí está la cara controvertida del muflón. Al tratarse de una especie alóctona —introducida en lugares a los que de forma natural nunca habría llegado—, su impacto sobre la flora local preocupa a los gestores. El caso más estudiado es el del Parque Nacional del Teide (Tenerife), donde la presión del ramoneo amenaza a plantas endémicas como la violeta del Teide y donde el control de la población supone una importante inversión pública. Por este motivo, el muflón figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), con ámbito de aplicación en Canarias.
En la península, sin embargo, su estatus es distinto: se gestiona como especie cinegética de caza mayor, regulada por las órdenes de veda de cada comunidad autónoma. Es muy apreciada por el rececho —la aproximación sigilosa a un ejemplar concreto en terreno abrupto— y por el valor de su cuerna como trofeo. De ahí el debate de fondo que recorre al sector: para unos es patrimonio cinegético consolidado tras setenta años; para los conservacionistas es una pieza exótica que conviene vigilar, sobre todo allí donde su expansión choca con flora amenazada. Para el senderista, la lectura es sencilla: el muflón forma parte del paisaje de muchas sierras españolas, pero su presencia es fruto de una decisión humana, no de la evolución natural del territorio.
Dónde verlo
El muflón es relativamente accesible para el observador paciente que madruga y se mueve contra el viento, evitando siempre acorralarlo y manteniendo la distancia con prismáticos. Algunas zonas donde su presencia está consolidada:
- Montes de Toledo y Quintos de Mora (Toledo): finca pública del Estado, uno de los lugares clásicos para verlo junto a ciervos y jabalíes.
- Serranía de Cuenca y El Hosquillo: el foco histórico de su expansión peninsular.
- Sierras de Cazorla y Segura (Jaén): el punto de partida de su introducción en 1953.
- Puertos de Tortosa-Beceite y Muela de Cortes (Tarragona, Teruel y Valencia): reservas con poblaciones bien establecidas.
- Parque Nacional del Teide (Tenerife): se cita solo por contexto, no como destino de observación recomendado; allí es especie invasora sometida a control poblacional por su impacto sobre la flora endémica.
Si lo cruzas en una de estas sierras, recuerda que estás ante un visitante mediterráneo con varias generaciones de arraigo —un ovino salvaje de cuernos enroscados que llegó a España en un camión, no a pie por el corredor de los Pirineos como el rebeco o la cabra montés.