El Cañón de los Almadenes es uno de los rincones más sorprendentes y menos conocidos de la Región de Murcia: un desfiladero que el río Segura ha ido excavando durante millones de años en las calizas y dolomías del Cretácico, dejando paredes verticales que en algún tramo alcanzan los 150 metros de altura. Es, además, el primer cañón fluvial de nuestro catálogo murciano, hasta ahora poblado solo de cumbres y costa. El bucle del PR-MU 25 «Almadenes-Almorchón», homologado por la Federación de Montañismo Región de Murcia, recorre el entorno del cañón cerca de Cieza: campos de cultivo, pinar mediterráneo, el extraordinario lapiaz de Los Losares y, sobre todo, el balcón que se asoma al desfiladero del Segura. Por si fuera poco, en las cuevas que perforan estas paredes —la Cueva-Sima de la Serreta entre ellas— hay pinturas rupestres declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Geología, agua, fauna y arte de hace milenios reunidos en pocos kilómetros.
El cañón es obra paciente del río Segura, que ha encajado su cauce a una media de unos 70 metros por debajo de sus orillas, abriéndose paso entre calizas y dolomías del Cretácico Superior (Turoniense-Coniaciense, depositadas hace alrededor de noventa millones de años) del Prebético externo. Es un paisaje kárstico de manual: la roca está perforada por cuevas y simas —la del Arco, la del Río, la del Pulpo— y esculpida en superficie por el espectacular lapiaz de Los Losares, un campo de roca acanalada por la disolución del agua. Por debajo de todo brota el manantial del Gorgotón, la descarga natural del acuífero del Sinclinal de Calasparra, con un caudal medio estimado en unos 764 litros por segundo según el Instituto Geológico y Minero. El propio topónimo «Almadenes» —del árabe al-ma'din, «la mina»— recuerda una explotación minera antigua en este laberinto de piedra.
El gran tesoro escondido está en las paredes. En la Cueva-Sima de la Serreta, asomada al desfiladero, se conserva un santuario de arte rupestre declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, dentro del conjunto del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo. En sus paneles conviven trazos de tres mundos distintos —paleolítico, levantino y esquemático— y uno de ellos reúne medio centenar de figuras humanas y animales pintadas con un detalle asombroso, hasta los dedos de las manos y los pies. La Serreta guarda incluso el único hábitat romano documentado dentro de una cueva en toda la Península Ibérica, lo que la convierte en uno de los yacimientos más singulares del sureste. Conviene tener claro un matiz: estas cuevas son Bien de Interés Cultural y solo se visitan en recorrido guiado con reserva; el sendero del PR-MU 25 pasa por el entorno del cañón, no entra en ellas.
El espacio está protegido como Lugar de Importancia Comunitaria y Zona de Especial Protección para las Aves de la Red Natura 2000 desde 1992, y no es para menos: el cañón alberga la mayor población de nutria de toda la Región de Murcia, y en sus cortados crían el búho real, el águila culebrera y la rara águila perdicera. A esa riqueza natural se suma una oferta de aventura poco habitual: en pocos lugares de Murcia se puede practicar rafting o kayak de aguas tranquilas por un cañón fluvial, además de barranquismo, vía ferrata y espeleología. Pero todo eso son actividades guiadas aparte. Lo que aquí describimos es la ruta a pie: un bucle largo, expuesto al sol del sureste, que combina el agro de la huerta ciezana, el pinar y la pura geología del borde del desfiladero.