La Fervenza do Toxa es una de las grandes cascadas de Galicia: el río Toxa se despeña por una pared encajada en el bosque, en la parroquia de Pazos (concello de Silleda), justo antes de entregar sus aguas al río Deza. La visita arranca en el aparcadoiro da Fervenza do Toxa y baja en pocos minutos, entre una carballeira de robles, castaños y alcornoques, hasta el miradoiro asomado sobre las rocas, la panorámica clásica del salto y de la confluencia Toxa-Deza. Quien quiera puede seguir por un tramo de escaleras de piedra y senda empinada hasta la mismísima base de la cascada, donde el agua atruena y refresca el aire. Contando la ida y la vuelta al pie del salto son apenas 3,8 kilómetros, pero el último tramo —resbaladizo y sin barandilla— pide cabeza fría y buen calzado. El acceso es libre y gratuito, sin reservas ni cupos, y la jornada se completa de maravilla con el cercano Mosteiro de San Lorenzo de Carboeiro y el Ponte do Demo.
La altura exacta del salto es objeto de discusión, y conviene contarlo con honestidad. Turismo de Galicia cita en su ficha oficial una caída vertical de unos 30 metros; la divulgación y la prensa, en cambio, la presentan como la cascada más alta de Galicia en caída libre, con cifras que rondan los 60-70 metros si se mide todo el desnivel del río Toxa. La verdad probablemente esté en el matiz —un primer salto principal de varias decenas de metros más una sucesión de rápidos y cascadas menores—, así que lo prudente es quedarse con que es una de las más altas de la comunidad, espectacular cuando el río baja crecido, sin proclamarla campeona absoluta. Forma parte del sistema fluvial Ulla-Deza, espacio de la Red Natura 2000.
El recorrido es corto pero tiene dos ambientes bien distintos. Del aparcadoiro al miradoiro hay unos 600 metros de bajada cómoda (quince o veinte minutos) por un sendero de tierra y piedra que se interna en el bosque de ribera; el mirador, encaramado sobre grandes rocas, es un balcón seguro y suficiente para muchos visitantes, sobre todo si van con niños. A partir de ahí, el descenso a la base del salto cambia de carácter: escaleras de piedra, pendiente fuerte y rocas pulidas por la humedad, sin barandillas ni protecciones. Es el premio gordo —ver y oír la cascada de frente—, pero también el tramo donde hay que extremar la precaución, no acercarse al borde del agua ni a las pozas y renunciar si la roca está mojada.
El acceso a la Fervenza do Toxa es libre y gratuito: aquí no hay entradas, reservas ni control de aforo, a diferencia de otros iconos naturales del norte. Conviene aclararlo porque circula una confusión recurrente: la tarifa de 1,50 € (general) o 3,50 € (visita guiada) que a veces se asocia a la zona corresponde al Mosteiro de San Lorenzo de Carboeiro, el monasterio románico que está a pocos minutos, no a la cascada. De hecho, la combinación clásica de la jornada es precisamente esa: la cascada, el monasterio y el Ponte do Demo sobre el Deza, unidos por el Sendero Natural Fervenza do Toxa–Carboeiro, que permite enlazarlo todo a pie en un recorrido más largo de cascada, bosque y románico gallego.