La Cascada de Ézaro —la Fervenza do Xallas en gallego— es uno de los rincones más asombrosos de la Costa da Morte: el único salto de agua de la Europa continental que desemboca directamente en el mar. El río Xallas se despeña por una pared de granito al pie del Monte Pindo, en el concello de Dumbría (A Coruña), y cae a pocos metros de la línea de costa, en una estampa que no tiene pareja en todo el continente. Llegar a su base no exige montaña: desde el aparcamiento contiguo, un breve paseo empedrado y una pasarela de madera iluminada —adaptada para sillas de ruedas y carritos— conducen en pocos minutos a unas balconadas asomadas al salto. Son apenas 0,9 kilómetros de ida y vuelta, sin desnivel, aptos para toda la familia. Eso sí, conviene saber que el caudal está regulado por las presas del Xallas: la cascada cae con toda su fuerza tras las lluvias, y conviene consultar el estado del agua antes de ir.
Lo que hace única a la Fervenza do Xallas es su geografía: en lugar de unirse a otro río o de remansarse en un estuario, el Xallas termina su recorrido precipitándose por una pared granítica directamente sobre el mar, algo que no ocurre en ningún otro río de la Europa continental. La altura del salto se cuenta de formas distintas según la fuente —desde unos 30-40 metros de caída principal hasta un desnivel total cercano a los 155 metros si se mide todo el tramo final del río—, así que lo prudente es quedarse con la idea: un gran salto al pie del Monte Pindo, la mole granítica que los gallegos llaman «el Olimpo celta». El conjunto forma parte del espacio protegido ZEC Carnota-Monte Pindo, dentro de la Red Natura 2000.
El dato que más conviene tener claro antes de venir es el caudal, porque la fuerza de la cascada no está garantizada en cualquier momento. El Xallas está regulado por las presas hidroeléctricas de su tramo final: la gran reguladora, A Fervenza, queda unos 12 kilómetros aguas arriba, y la última, Santa Uxía, está justo junto al salto. Desde 2011 el último tramo mantiene un caudal ecológico permanente, así que la cascada casi nunca seca del todo; pero el espectáculo grande —la nube de agua pulverizada visible desde lejos— solo ocurre cuando el embalse desagua con fuerza, normalmente tras episodios de lluvia. Ya no existe un «horario de sueltas» turístico fijo que consultar: el agua la gobierna la operación hidroeléctrica y la meteorología. Antes de venir, lo más fiable es mirar la webcam o las redes del Concello de Dumbría.
La visita a la base es un paseo accesible, pero la jornada se redondea subiendo al Miradoiro do Ézaro, un balcón rocoso situado a unos 261 metros de altitud (según la altimetría disponible) que se alcanza por carretera, no por la pasarela: es un punto aparte, no la cumbre de esta ruta. Desde allí se domina la desembocadura del Xallas, el Monte Pindo granítico y, al fondo, el cabo Fisterra; el atardecer es de los más fotografiados de Galicia. Atención a la carretera de subida: tiene una rampa muy empinada, con tramos de entre el 23 % y el 30 % según la fuente (ha sido final de etapa de la Vuelta a España), inadecuada para vehículos pesados o autocaravanas grandes. En verano, cuando el caudal flojea, hay otro aliciente: la cascada se ilumina de noche con un espectáculo de color, los sábados y vísperas de festivo, en torno a las 23:00-00:00 h, aproximadamente desde San Juan (23 de junio) hasta mediados de septiembre (conviene confirmar las fechas con el Concello de Dumbría).