El Boquerón del Estena es el sendero estrella del Parque Nacional de Cabañeros (Montes de Toledo) y el único itinerario del interior del parque de acceso libre, sin reserva. El itinerario oficial arranca en el acceso exterior del parque, junto a Navas de Estena, sigue la pista hasta el aparcamiento de Raso de Posavieja y recorre la garganta cuarcítica del Río Estena: paredes de cuarcita armoricana con fósiles del Paleozoico de hace más de 450 millones de años, el mirador del Risco Tirapanes sobre el desfiladero y las Torres del Estena. 8,5 km de ida y vuelta según el GPX oficial del IGN —la senda estricta de la garganta, desde Posavieja, son unos 4,4—, casi llanos y aptos en familia. El baño está prohibido: el Estena alberga al jarabugo, el pez de río más amenazado de la Península.
El Boquerón es la garganta que el Río Estena ha abierto en una de las rocas más duras de la Península: la cuarcita armoricana del Paleozoico inferior. En sus paredes pueden distinguirse icnofósiles —rastros petrificados de organismos marinos— porque estos montes fueron fondo de un mar somero hace más de 450 millones de años: cruzianas (huellas de arrastre de trilobites), galerías de gusanos gigantes y ripple-marks de oleaje fosilizado. La senda discurre por la margen del desfiladero, se asoma a la garganta desde el mirador del Risco Tirapanes y pasa junto a las Torres del Estena, tres columnas de cuarcita alineadas sobre una antigua zona de falla. Es un recorrido lineal, casi llano, que se hace y se deshace por el mismo camino.
El parque que el pueblo salvó. La historia de Cabañeros no empieza en un ministerio sino en una resistencia ciudadana. A principios de los años ochenta, el Ministerio de Defensa proyectó convertir estos Montes de Toledo en un campo de maniobras y polígono de tiro. La oposición social fue inmediata y sostenida: vecinos, ecologistas y científicos se movilizaron durante años para impedir la militarización de un ecosistema que sabían excepcional. La presión dio resultado, y la Ley 33/1995, de 20 de noviembre, elevó Cabañeros a Parque Nacional —ampliado en 2005—. Hoy son 40.856 hectáreas repartidas entre municipios de Toledo (Hontanar, Los Navalucillos) y Ciudad Real (Alcoba de los Montes, Horcajo de los Montes, Navas de Estena y Retuerta del Bullaque): el testimonio de lo que una comunidad puede hacer cuando defiende su tierra.
La raña y el buitre negro, el alma del parque. Más allá del Boquerón, Cabañeros guarda dos señas de identidad. La raña es una llanura cuarcítica de unas 8.000 hectáreas, formación geomorfológica del tránsito Neógeno-Cuaternario que no tiene paralelo en ningún otro parque nacional español; tiene su interior reservado al acceso motorizado de las excursiones guiadas en 4×4 de la empresa concesionaria, con reserva previa —a pie sí la atraviesan senderos libres del parque, como la Ruta de la Viñuela—, y es el escenario de la berrea del ciervo en otoño, con sus horarios, tarifas y normas propias. Y Cabañeros alberga una de las mayores concentraciones de buitre negro (Aegypius monachus) del occidente europeo, con más de doscientas parejas reproductoras que nidifican en encinas y alcornoques —no en roquedos—, motivo por el que el parque es ZEPA de la Red Natura 2000. Desde el Boquerón es posible verlo planear sobre el desfiladero, pero conviene recordar que la senda fluvial y la raña son ámbitos distintos del parque.
El Río Estena baja limpio y poco regulado, lo que lo convierte en uno de los ríos mejor conservados del ámbito mediterráneo y en hábitat principal del jarabugo (Anaecypris hispanica), el ciprínido más amenazado de la Península, catalogado En Peligro, junto al calandino. Esa es la razón de que el baño esté prohibido en el Estena dentro del parque: no es una norma caprichosa, sino la protección de una especie al borde de la extinción. La vegetación de ribera —alisos, fresnos, sauces— y los pequeños rincones umbríos con tejo, acebo y helecho real completan un microclima singular encajado entre la cuarcita.