El Pico Torrecilla (1.919 m) es el techo de la provincia de Málaga y el punto culminante del Parque Nacional de la Sierra de las Nieves, el más reciente de España, declarado por Ley 9/2021 y guardián de la mayor extensión mundial de pinsapar. La ascensión desde el Área Recreativa de los Quejigales atraviesa uno de los bosques más raros del planeta — 2.000 hectáreas de Abies pinsapo, un abeto relicto del Terciario que sobrevivió las glaciaciones en este rincón de la Serranía de Ronda y no crece de forma natural en ningún otro lugar de la Tierra. Después del pinsapar, la ruta sale a las calizas desnudas del karst y alcanza la cumbre con panorámica sobre el Mediterráneo y el Rif marroquí. Son 15 kilómetros de ida y vuelta, unos 900 metros de desnivel acumulado y seis o siete horas de jornada completa. Importante: la pista forestal de acceso a Quejigales cierra por riesgo de incendio desde mediados de junio hasta mediados de octubre — la ventana óptima es abril-junio y septiembre-octubre.
El pinsapo es lo que hace de esta ascensión algo distinto a cualquier otra subida de montaña en España. Abies pinsapo fue descrito científicamente por el botánico suizo Pierre Boissier en 1838 tras expedicionarlo en la Serranía de Ronda — y desde entonces la ciencia no ha encontrado ninguna otra población natural fuera de esta esquina de Málaga y las provincias marroquíes de Oukaimeden y Tazzeka. La especie figura en la Lista Roja de la UICN como En Peligro (EN). Sus agujas son rígidas y punzantes, su porte piramidal y su corteza gris oscuro. Pueden alcanzar los 30 metros en ejemplares centenarios. Al caminar entre ellos la sensación no se parece a ningún pinar ordinario: la luz cae de otra manera entre los troncos grises, el suelo está amortiguado por generaciones de acículas, y el silencio tiene una textura particular. Lo que el senderista está viendo es, literalmente, un superviviente de los bosques de coníferas que cubrieron la cuenca mediterránea hace millones de años antes de que los ciclos glaciares los barrieran casi por completo. En la Sierra de las Nieves se refugiaron por altitud, orientación norte y precipitaciones. Llegaron al siglo XXI. Pero solo aquí.
La ruta parte del Área Recreativa de los Quejigales (1.285 m) — el aparcamiento y punto de información más alto del parque, accesible por pista forestal desde Ronda o Yunquera. Desde allí, el sendero sigue la Cañada del Cuerno en ascenso progresivo a través del corazón del pinsapar hasta el Puerto de los Pilones. La vegetación aquí mezcla los pinsapos con quejigos centenarios, encinas y enebros; conforme se gana altitud el bosque abre sus copas y aparecen los primeros afloramientos calizos. El siguiente hito es el Pozo de las Nieves — una antigua nevera donde se recogía nieve para abastecer a Ronda en verano, una práctica que terminó en el siglo pasado pero que da nombre a la propia sierra. A partir de aquí el terreno se vuelve más abierto: karst desnudo, suelo pedregoso y vistas que empiezan a abrirse hacia el sur. El Pilar de Tolox es el penúltimo hito antes de la cresta final y la cumbre.
En lo alto de Torrecilla el karst blanco contrasta con el verde oscuro del pinsapar que se extiende hacia abajo. Con visibilidad media se alcanza a distinguir el Mediterráneo al sur; en los días más claros, la silueta del Rif marroquí al otro lado del Estrecho. Al oeste, la Serranía de Ronda; al norte, los contrafuertes de la sierra que descienden hacia Yunquera y el Guadalhorce. La cumbre en sí es sencilla, sin infraestructuras de referencia más allá de un vértice geodésico. Tres recomendaciones prácticas para no estropear la jornada: llevar ropa de abrigo incluso en mayo porque el viento en cumbre puede superar los 70 km/h; salir temprano para evitar la exposición solar en el descenso por las calizas; y revisar el estado de la pista antes de salir, porque en el período de cierre estival no hay alternativa practicable para llegar a Quejigales en coche.