El Caminito del Rey es la ruta de pasarelas más famosa de España y, durante años, también la que tenía peor fama: un cordón de tablones de poco más de un metro de ancho atornillado a la pared vertical del Desfiladero de los Gaitanes, a más de cien metros sobre el río Guadalhorce, en una garganta de calizas y dolomías jurásicas que en su punto más estrecho deja apenas diez metros de luz entre pared y pared. Hoy es un itinerario rehabilitado, vallado y seguro, pero no por ello menos espectacular: se entra por el norte, junto al embalse Conde de Guadalhorce (Ardales), se sale por el sur, en El Chorro (Álora), y un bus lanzadera devuelve al punto de partida. Son 7,7 kilómetros casi llanos —de los que solo kilómetro y medio son las pasarelas colgadas— y el reto no está en las piernas sino en el vértigo. Por eso se accede únicamente con reserva previa y casco obligatorio, y por eso no se recomienda a quien sufra de altura.
El nombre viene de un rey. Las pasarelas nacieron como vía de servicio de los obreros del salto hidroeléctrico del Chorro, construido a principios del siglo XX para llevar materiales y vigilar el canal entre las dos centrales. El 21 de mayo de 1921, el rey Alfonso XIII recorrió personalmente el sendero para inaugurar la presa Conde de Guadalhorce, y desde entonces aquel paso colgado de los operarios pasó a llamarse el caminito del rey. Con las décadas, abandonado y sin mantenimiento, los tablones se fueron desplomando hasta convertirlo en «el sendero más peligroso del mundo»: a finales de los años noventa murieron varias personas intentando cruzar las planchas rotas, y la Diputación de Málaga acabó clausurándolo.
La rehabilitación lo cambió todo. Tras una obra que costó alrededor de cinco millones de euros contando pasarelas, accesos y equipamientos, el Caminito reabrió el 28 de marzo de 2015 con un trazado nuevo construido justo encima de los restos colgantes del antiguo, que todavía se ven bajo los pies a través de las rendijas de los tablones. La pasarela moderna lleva barandilla y un cable de vida al que no hace falta engancharse, pero que recuerda dónde estás. El recorrido discurre en gran parte a la sombra del cañón, lo que hace la ruta sorprendentemente llevadera incluso en días calurosos, aunque la administración cierra el paso sin previo aviso cuando hay lluvia o viento fuerte.
El último gran cambio es reciente: el 10 de junio de 2026 se abrió al público un puente colgante de 110 metros —el más largo de su tipo en España—, suspendido a medio centenar de metros de altura junto al viaducto del ferrocarril, en el tramo final hacia la salida sur. La obra, financiada con la propia recaudación del Caminito, sustituye el último kilómetro de bajada pedregosa por una travesía aérea y es ya parte del recorrido. En las paredes del desfiladero anida la gran fauna rupícola del sur peninsular —buitre leonado, alimoche y águila perdicera, además de halcón peregrino, vencejo real y chova piquirroja—, y por eso el paraje, declarado por la Ley andaluza 2/1989 y con 2.016 hectáreas protegidas, está catalogado también como zona de especial protección para las aves.