Los Cahorros de Monachil son, posiblemente, el paseo de aventura más querido de Granada: un desfiladero que el río Monachil ha excavado a las puertas de la ciudad, donde el agua corre encajonada entre paredes verticales y el sendero la sigue cruzando puentes colgantes que se balancean, agachándose por túneles tallados en la roca y agarrándose a cadenas y argollas en los pasos más estrechos. El hito es el puente colgante largo, unos 63 metros suspendidos a media altura sobre el cañón, una de esas postales que se quedan grabadas. La variante clásica forma un bucle de unos 10 kilómetros: entra por el fondo del desfiladero y regresa por la ladera alta, con vistas del valle. Es un itinerario muy familiar por su componente de juego, pero conviene tomárselo en serio: no está homologado ni señalizado, tiene pasos aéreos reales con caída a distinto nivel y, en 2026, ha sufrido cierres por crecida del río y por desprendimientos. Antes de ir, lo primero es confirmar que está abierto.
El cañón se abre en el tramo bajo del valle del Monachil, ya en la zona periférica de Sierra Nevada, donde el río deja atrás la alta montaña y se encaja en un corredor de roca caliza y esquistos tapizado de vegetación de ribera: chopos, fresnos, higueras silvestres y hiedra que cuelga de las paredes. Es un microclima fresco y umbrío incluso en pleno verano, lo que explica buena parte de su popularidad. El recorrido enlaza una sucesión de hitos muy reconocibles —el puente colgante largo, otro puente colgante de buen porte aguas arriba, la Cueva de las Palomas donde hay que agacharse, los pasos de cadenas pegados a la roca y la chorrera del río—, y por eso engancha a quien busca caminar con un punto de emoción sin necesidad de saber escalar.
El perfil se cuenta mejor en palabras que en cifras. El desnivel acumulado del circular ronda los 356 metros repartidos en repechos cortos y nerviosos: la entrada al cañón es prácticamente llana siguiendo el río, pero el bucle se gana la altura al cerrar por la ladera, con tramos de subida sostenida y algún tobogán. No es una ruta de gran desnivel ni de cumbre —de hecho no hay cima: el interés está en el agua, los puentes y la roca—, sino de un terreno irregular donde se avanza despacio porque hay que mirar dónde se pisa, cederse el paso en los puentes y agacharse en los túneles. El modelo digital de elevación tiende a exagerar el relieve de un cañón tan encajonado, así que aquí el dato que importa no es un número fino de desnivel, sino el carácter del terreno: caminar junto al río, trepar un poco en los pasos equipados y volver por arriba.
Conviene tener clara una cosa antes de calzarse las botas: Los Cahorros no son un sendero oficial. El Ayuntamiento de Monachil publica el recorrido como una propuesta de excursión a realizar «bajo responsabilidad propia» y advierte expresamente de «pasos de alta dificultad con caída a distinto nivel». No está homologado por la federación ni señalizado sobre el terreno con marcas de PR; en OpenStreetMap aparece referenciado como PR-A 283, pero en la práctica no hay balizas que seguir, de modo que conviene llevar el track GPS descargado. La distancia y la dificultad varían mucho según la variante que elijas (lineal corta por el cañón, ~5,5 km; circular largo, ~10 km), pero en todas hay puentes que se mueven, barandillas con huecos y suelo que resbala si el río baja con fuerza.