El Gorbea (Gorbeia en euskera), 1.482 m, es el techo de Bizkaia y de Álava y la cumbre más emblemática del País Vasco. Su cima, una loma amplia y herbosa, está coronada desde 1899 por una cruz de hierro de 17,23 metros con estructura de celosía al estilo de la torre Eiffel — la actual es la tercera, después de que el viento derribara las dos anteriores. La ruta clásica parte del área de Pagomakurre (882 m, vertiente de Areatza en Bizkaia), cruza las campas de Arraba y corona tras unos 13 km ida y vuelta y unos 720 m de desnivel. No tiene dificultad técnica, pero la niebla frecuente y el terreno abierto de cumbre exigen respeto.
El Parque Natural de Gorbeia, declarado en 1994 y compartido entre Bizkaia y Álava, es el mayor espacio natural protegido del País Vasco (más de 20.000 hectáreas). Protege un macizo de roca caliza y arenisca con un relieve kárstico notable: en su corazón, el biotopo protegido de Itxina guarda lapiaces, simas y el célebre Ojo de Atxular (Atxulaur), un arco natural de piedra. La ascensión transcurre por hayedos, pastos de altura con ganado suelto (vacas, yeguas y ovejas latxa) y campas abiertas barridas por el viento atlántico.
La ruta normal arranca en el aparcamiento de Pagomakurre, sube por pista y senda hasta las campas de Arraba —donde se encuentra el refugio de Ángel Sopeña y la fuente de Elorria— y continúa por el refugio-ermita de Egiriñao. Desde ahí gana el collado de Aldamiñoste (1.321 m) y, por la loma cimera, alcanza la cruz. El regreso se hace por el mismo itinerario. Es la vía más accesible y popular; existen alternativas desde Murua y Zárate (Álava), Areatza, Zeanuri o Ubide.
La cruz del Gorbea es un icono de la cultura montañera vasca. Es tradición multitudinaria subir el 31 de diciembre y el 1 de enero a despedir y recibir el año junto a la cruz: en esas jornadas el aparcamiento de Pagomakurre se llena de madrugada. La niebla —presente buena parte del año por la cercanía del mar Cantábrico— es el principal peligro: en la cima y las campas, sin referencias visuales, la orientación se vuelve crítica. La Ertzaintza y los grupos de rescate intervienen aquí con regularidad por extravíos en niebla.