Cómo se forma una surgencia kárstica
El proceso arranca cuando la lluvia y la nieve se infiltran en macizos de roca soluble, sobre todo calizas y dolomías. El agua, ligeramente ácida, disuelve poco a poco la roca y abre un laberinto de grietas, conductos y galerías por el que circula en profundidad. Este agua almacenada en la red de huecos constituye el acuífero kárstico.
Cuando ese flujo subterráneo encuentra un punto en el que el nivel del agua queda por encima de la superficie del terreno, o un valle corta las galerías, el agua brota al exterior. En los acuíferos kársticos la circulación puede alcanzar velocidades parecidas a las de un río superficial, de modo que la respuesta a las lluvias es rápida y los caudales varían mucho entre la época húmeda y el estiaje.
Cómo se reconoce sobre el terreno
Una surgencia se identifica por una salida de agua concentrada al pie de una pared caliza, en el fondo de un valle o junto a la boca de una cueva, normalmente con un caudal mayor y más constante que el de una fuente cualquiera. El agua suele ser fría, limpia y de temperatura estable a lo largo del año, reflejo de su largo recorrido subterráneo.
El rasgo más característico es la enorme variación estacional: en otoño e invierno el manantial puede multiplicar su caudal y, en periodos de sequía, reducirse drásticamente. Alrededor de la surgencia es frecuente encontrar otras formas del modelado kárstico, como simas, dolinas, lapiaces y cavidades, que delatan el sistema que la alimenta.
Surgencias destacadas de España
Buena parte de los grandes nacimientos de ríos peninsulares son, en realidad, surgencias kársticas. El nacimiento del río Mundo, en Riópar (Albacete), brota con fuerza por la Cueva de los Chorros tras circular el agua bajo el Calar del Mundo. El Ebro nace en Fontibre (Cantabria), aunque trabajos del Instituto Geológico y Minero de España en 1987 mostraron que ese manantial es la reaparición de aguas procedentes del río Híjar, que se sumerge antes en la caliza.
El Instituto Geológico y Minero cataloga ejemplos muy potentes como la surgencia de Obaya, en Asturias, con más de 1.000 litros por segundo en aguas altas, o la surgencia artesiana y kárstica de Cella, en Teruel, que supera de forma habitual los 2.000 litros por segundo.
Por qué importan al senderista
Las surgencias suelen ser el destino o el punto de partida de rutas muy populares, porque concentran un paisaje espectacular: cascadas, cuevas, pozas turquesa y vegetación exuberante. Conviene recordar que su caudal cambia mucho, así que la imagen idealizada de un nacimiento desbordante corresponde a la época de lluvias y deshielo, no al verano.
En cuanto al agua, no debe darse por potable sin tratar: aunque salga fría y cristalina, puede arrastrar contaminación del acuífero o del entorno. Muchas surgencias se encuentran además en espacios protegidos, con accesos regulados y prohibición de baño, por lo que merece la pena consultar la normativa del parque antes de visitarlas.