Flora de montaña · nivel intermedio

Sabina albar y sabinar.

La sabina albar (Juniperus thurifera), conífera relicta de los páramos fríos

La sabina albar (Juniperus thurifera L., familia Cupressaceae) es una conífera de hoja escamosa, porte achaparrado y crecimiento lentísimo que prospera en los páramos y mesetas de la mitad oriental de España, sobre suelos pobres y bajo un clima de inviernos muy fríos y veranos secos. Es una especie de carácter relicto —un vestigio de los bosques estepáricos que precedieron a las glaciaciones— capaz de soportar condiciones extremas que ningún otro árbol tolera. Las formaciones que constituye, los sabinares, son bosques abiertos y luminosos de árboles dispersos, paisajes de aspecto casi africano en pleno interior peninsular.

Un fósil viviente de los páramos

La sabina albar es lo que los botánicos llaman una especie relicta: un superviviente de los bosques estepáricos que cubrían amplias zonas antes de las glaciaciones. Esa herencia explica su asombrosa resistencia. Vive donde pocos árboles se atreven: en parameras a más de mil metros, sobre suelos esqueléticos y calcáreos, bajo un clima continental de heladas intensas en invierno y sequía severa en verano. Crece muy despacio, rara vez pasa de los diez o doce metros y adopta a menudo un porte retorcido y achaparrado modelado por el viento y el frío.

El sabinar: un bosque que parece sabana

A diferencia de los bosques densos y umbríos del norte, el sabinar es un bosque abierto: árboles dispersos sobre un tapiz de pastizal y matorral bajo, con mucha luz entre ellos. Esta fisonomía, casi de sabana fría, es uno de los paisajes vegetales más singulares de la Península y un hábitat de alto valor para la fauna esteparia. Los sabinares más notables se encuentran en la mitad oriental: Soria, Guadalajara, el Sistema Ibérico y el Maestrazgo concentran los mejores rodales.

Longevidad y porte

Como el tejo, la sabina albar es muy longeva: los ejemplares adultos superan con frecuencia los trescientos años y los más viejos rondan o rebasan el medio milenio. A las sabinas monumentales de Calatañazor se les atribuyen edades de siglos —algunas fuentes divulgativas hablan de cifras muy superiores que conviene tomar con prudencia, porque datar un árbol hueco es difícil—, pero lo indiscutible es su porte: troncos gruesos, retorcidos y de gran perímetro que dan fe de una vida larguísima en condiciones extremas.

Dónde ver los grandes sabinares

  • Sabinar de Calatañazor (Soria) — Reserva Natural en la Dehesa del Carrillo, considerada el sabinar más denso de Europa, junto al Monumento Natural de La Fuentona.
  • Sabinares de Maranchón y la Sierra de Solorio (Guadalajara) — uno de los conjuntos más extensos del Sistema Ibérico.
  • Maestrazgo (Teruel y Castellón) — sabinares de altura en un paisaje de muelas y barrancos.

Por qué importa al senderista

Caminar por un sabinar es caminar por un paisaje antiguo. No es una especie tóxica ni peligrosa, pero sí frágil por su lentísima regeneración: el Sabinar de Calatañazor está protegido como Reserva Natural y la norma es no recolectar ni dañar los ejemplares. Son bosques de fácil tránsito, luminosos y de gran interés invernal, cuando la escarcha y la niebla helada de los páramos los envuelven en una atmósfera irreal.

Preguntas frecuentes

Lo que más se pregunta.

¿La sabina es un árbol o un arbusto?

La sabina albar (Juniperus thurifera) es un árbol pequeño o mediano de la familia de los cipreses, aunque en lugares muy expuestos al viento y el frío adopta un porte arbustivo y achaparrado que confunde. En condiciones favorables forma un tronco recto y rara vez supera los doce metros, si bien algunos ejemplares excepcionales rebasan los catorce. Es de hoja perenne escamosa, crecimiento muy lento y una madera densa y aromática que la diferencia de cualquier otro árbol de los páramos peninsulares.

¿Qué es exactamente un sabinar?

Un sabinar es un bosque abierto y luminoso formado por sabinas albares dispersas sobre un tapiz de pastizal y matorral bajo, sin la espesura ni la sombra de un hayedo o un robledal. Esa fisonomía de árboles separados, casi de sabana fría, se debe a que la sabina coloniza suelos pobres y secos donde ningún otro árbol prospera. Los mejores sabinares de España se concentran en la mitad oriental: Soria, Guadalajara, el Sistema Ibérico y el Maestrazgo. Puedes consultar otras formaciones en nuestro hayedo.

¿Qué diferencia hay entre la sabina albar y el enebro?

Ambos pertenecen al género Juniperus, pero la sabina albar (Juniperus thurifera) tiene hojas escamosas pegadas a la ramilla, no en forma de aguja punzante, mientras que los enebros propiamente dichos conservan hojas aciculares que pinchan al tocarlas. La sabina forma árboles de porte considerable y bosques abiertos en parameras frías; los enebros suelen ser arbustos o arbolillos más modestos. Además, la sabina albar es dioica: hay pies macho y pies hembra separados, y solo estos últimos producen los gálbulos carnosos azulados.

¿Dónde está el sabinar más denso del mundo?

El Sabinar de Calatañazor, en Soria, está considerado el sabinar de Juniperus thurifera más denso del mundo. En él llegan a contabilizarse hasta 210 sabinas por hectárea, una espesura propia de un encinar y excepcional para esta especie, que en sabinares normales apenas reúne entre quince y treinta árboles por hectárea. Protegido como Reserva Natural desde el año 2000, conserva ejemplares monumentales de cerca de catorce metros y edades estimadas próximas a los dos mil años, lo que lo convierte en uno de los bosques de sabinas mejor conservados del planeta.

¿Por qué se dice que la sabina albar es un fósil viviente?

Se la llama fósil viviente porque es una especie relicta, un superviviente de los bosques estepáricos que dominaron amplias zonas de Eurasia y el norte de África antes de las grandes glaciaciones. El registro paleobotánico documenta sabinas afines desde hace millones de años, y la especie ha persistido sin apenas cambios gracias a su resistencia extrema: tolera heladas de hasta veinticinco grados bajo cero y veranos por encima de los cuarenta, sobre suelos esqueléticos donde casi ningún árbol sobrevive. Caminar por un sabinar es, en cierto modo, recorrer un paisaje del pasado.

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